Hace eones, cuando Juego de tronos estaba de moda, os hablé de los guiños que había hecho su autor, George R.R. Martin, a la obra de H.P. Lovecraft y los Mitos de Cthulhu, los tenéis en la reseña que le dediqué al libro The Lands of Ice and Fire. Hoy comparto con vosotros algo que me faltó añadir en su día, y que es una prueba definitiva de lo mucho que le gusta al autor de esta saga el tema lovecraftiano: en su diario web escribió un enfrentamiento entre Jamie Lannister y el propio Cthulhu que podéis leer aquí, y tras el salto lo tenéis traducido, por si os da pereza el inglés.
—¿Libros? —dijo Jaime—. ¿Cómo pueden ayudarme unos libros en una pelea?
—Pueden decirte más sobre esa cosa contra la que luchas. —Tyrion dejó caer los polvorientos tomos sobre la mesa.
—Cthulhu —dijo Jaime—. Suena como el ruido que hacen los viejos cuando carraspean flemas. —Revolvió entre los libros con su mano buena. Tenían títulos extraños, en idiomas que no conocía, aunque no le sorprendía que su hermano sí lo hiciera—. “Abdul Alhazred” —pronunció, hojeando algunas páginas—. Esto está escrito en jerigonza. ¿Qué lengua es esta?
—Una pregunta justa —dijo Tyrion—, para la que no tengo respuesta. Eso viene de las Tierras Sombrías más allá de Asshai. Pero ten, mira esto. Entiendo que es una traducción de una traducción de una traducción. —El enano pasó las páginas hasta encontrar la que quería—. Y hay ilustraciones. Aquí. Este es Cthulhu.
Jaime se quedó mirando fijamente. —¿Eso?
—Eso.
—Es tan grande como Roca Casterly.
—Más grande. Si Roca Casterly le cayera en la cabeza, puede que ni lo notara.
—Siete malditos infiernos. —Incluso si todavía tuviera dos manos buenas, Jaime Lannister no estaba seguro de cómo se suponía que debía luchar contra algo así—. Esos tentáculos... esta cosa parece como si acabara de comerse veinte krakens gigantes, pero aún no hubiera terminado de tragarlos. —Se sentó y comenzó a pasar páginas—. Quizá si tuviera un dragón...
—Quizá si tuvieras cien dragones. —Tyrion se sentó con las piernas cruzadas en su taburete y comenzó a rebuscar en otro libro, llamado Misterios del Gusano—. Lee. Yo haré lo mismo. No tienes mucho tiempo.
—Supongo que no —admitió Jaime—. ¿Qué estoy buscando?
—Debilidades.
Jaime volvió a mirar el dibujo de Cthulhu. —Tiene ojos —dijo—. Un punto vulnerable, tal vez. Una lanza a través del ojo matará a un dragón. —Sin embargo, ¿cómo alcanzaría los ojos? La cosa era más alta que el Muro—. Una cuerda y un garfio... Podría escalar la maldita cosa, como si fuera una montaña... pero necesitaría dos manos buenas para impulsarme... —No tenía dos manos buenas.
—Podrías tener veinte manos buenas —dijo Tyrion. Ni siquiera levantó la vista de su libro—. Los tentáculos te atraparían y te separarían como a un hueso de la suerte. —Pasó otra página—. Será mejor que empieces a leer, si alguna vez quieres volver a follar con nuestra dulce hermana.
Jaime empezó a leer. No era en absoluto su pasatiempo favorito, pero entendía el punto de su hermano pequeño.
Pasó gran parte de una hora antes de que levantara la vista. —Aquí hay algo —dijo—. Símbolos Arcanos. —Giró el libro y se lo mostró a Tyrion.
El enano se rascó la nariz, considerando. —Mmm. Sí. Resguardos protectores. Esos podrían ser útiles.
—Puedo pintar uno en mi escudo —dijo Jaime.
—En tu escudo y por toda tu armadura —sugirió Tyrion—. Pero la pintura se puede quitar con demasiada facilidad. Haz que graben estos Símbolos Arcanos en el metal.
—De acuerdo. —Jaime se levantó, llamó a su armero y lo puso a trabajar—. A lo largo de mi espada también —le dijo al hombre—. Por ambos lados.
Tyrion seguía leyendo. —Eso es desafortunado.
—¿Qué? —Jaime sirvió una copa de vino para cada uno. Esta lectura daba sed.
—Bueno, dice aquí que la mera visión de este Cthulhu te volverá loco de terror.
Jaime se rio. —¿Qué, a mí? —Tomó un sorbo de vino—. A veces, un poco de terror solo hace que un hombre luche con más fuerza.
—Están hablando de mucho terror —dijo el enano—. No del tipo que te hace luchar más fuerte, por desgracia. Sino del tipo de cagarse en los pantalones y hacerse un ovillo.
Aquello era realmente irritante. Incluso cubierto con Símbolos Arcanos, ¿cómo se esperaba que luchara contra la maldita cosa si ni siquiera podía mirarla?
—¿Tengo que ir a la batalla a ciegas? —preguntó a su hermano—. Cierto es que estaba Symeon Ojos de Estrella, pero él tenía años de experiencia luchando sin vista. Yo no. ¿Cómo encuentro siquiera a la maldita cosa?
—Bueno, imagino que habrá un olor —dijo Tyrion. Su ceño se frunció aún más—. Parece que tampoco puedes matarlo.
—Una estocada a través del ojo... —insistió Jaime, aferrándose a esa esperanza.
—... es probable que solo le cause molestias, pero la cosa ya está muerta, o es un no-muerto, o... Escucha esto: No está muerto lo que puede yacer eternamente, y con el paso de los extraños eones, incluso la muerte puede morir.
—Dudo que pueda esperar eones —dijo Jaime—. Así que la cosa es un dios, ¿no?
—Más o menos. —Frunciendo el ceño, Tyrion pasó más páginas. Luego sonrió—. Oh, espera. Aquí está.
—¿Ahora qué? —preguntó Jaime.
—Está durmiendo. —Tyrion golpeó la página con el dedo—. Lo dice justo aquí. Y en el otro libro también. Cthulhu está durmiendo en R'lyeh bajo el mar.
—¿Cómo nos ayuda eso? —preguntó Jaime.
—Bueno —dijo Tyrion—, no lo despertemos. Si Cthulhu no aparece, ganas el combate por incomparecencia. Un tipo grande como ese necesita dormir. Odiaría perturbar su sueño, ¿tú no?
—Todos necesitamos soñar —dijo Jaime, con una sonrisa irónica—. Pero temo que alguien querrá despertarlo.
—Muchos “alguien” —confesó el enano—. Hay mucho dinero apostado por el grandullón.
No se equivocaba. Cuando Jaime entró en el campo de batalla junto al mar, encontró a más de veinte de ellos: sacerdotes y acólitos con ojos saltones, piel blanca como vientre de pescado, barbillas huidizas y alguna que otra branquia. En el momento en que lo vieron, todos empezaron a cantar: “Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn”, y a bailar en círculo, agitando sus pálidas extremidades. Sus ojos estaban fijos en las olas. Ninguno le prestó la más mínima atención a Jaime... hasta que él se quitó la capa y la dejó caer al suelo, revelando la armadura dorada que llevaba debajo, cubierta de la cabeza a los pies con Símbolos Arcanos.
Entonces empezaron a chillar. Sonriendo felizmente, Jaime se puso el yelmo y desenvainó su espada larga.
Los sacerdotes eran lentos y torpes, al menos en tierra. Ninguno estaba armado, y su hoja atravesó su carne pálida y blanda como el cuchillo de una pescadera a través de una captura fresca; los Símbolos Arcanos a lo largo de la hoja brillaban con cada muerte. El icor verde salpicó por todas partes. En poco tiempo, el suelo estaba resbaladizo con escamas, manos palmeadas y entrañas de pescado apestosas. Ya nadie cantaba.
Cthulhu nunca apareció. Jaime esperaba que estuviera teniendo un buen sueño. Quizá también tenga una dulce hermana.
—Creo que has ganado esta —dijo Tyrion, mientras el sol se ponía. No quedaba nadie para disputarlo—. Vamos a recoger nuestras ganancias. No creerías las apuestas que conseguí a tu favor, hermano.
George R.R. Martin
March 17 2010
Red de Rol
via Susurros desde la Oscuridad
August 18, 2026 at 11:42PM