PALATINE: Delirios de grandeza
¡Hola, soy Warbriel una vez más!
Quizás me recordéis de mis sonadas entradas poniendo a parir productos de AD&D de bastarda calidad (jaja, como las espadas), hijos no reconocidos del Hero Quest, expansiones del Magic que jamás debieron existir y que ahí están o mis juegos de rol y mesa para todas las edades que aprecian esas cosas.
(Podéis imaginar a estas alturas que este va a ser un post publicitario pero, si os sirve de consuelo, está redactado con mi habitual gracejo y leerlo es gratis. Dudo que Netflix os haga una oferta parecida)
A estas alturas, ya llevo unos cuantos juegos hechos a cuestas. Y un motivo que se repite con cierta frecuencia es la escala: la mayoría se juegan a un nivel mucho mayor que un personaje individual. En Super Space Knights, manejas una compañía entera de super-soldados y conquistas planetas enteros. En Necroworlda, estás al mando de una banda de guerreros post-apocalípticos batiéndose a pistola y cuchillo con lo peorcito de un infierno industrial ultracontaminado. En ¡Mutantes!¡Mutantes!¡Mutantes! (sí, el juego se llama así y es una castaña con los buscadores) los jugadores forman parte de una tribu de desechos humanos malviviendo en una jungla radioactiva (tiene cierto paralelismo con el Necroworlda, que vino después y le dio un par de vueltas al concepto).
Bien, pues la escala va a seguir a tope. Los que vayan de humildes y prefieran arrastrarse por una mazmorra maloliente a pegarse con las alimañas a cambio de trastos cubiertos de polvo y telarañas que sigan leyendo, que a lo mejor aprenden algo. El resto... caramba, qué coincidensia (el primero que me sepa poner en los comentarios de dónde viene esta referencia en cursiva tendrá premio).
Como iba diciendo, iros poniendo el tocado de armiño, conectaros los tubos de alimentación a vuestro trono de soporte vital y decid a vuestros esclavos-servidores que os traigan unos piscolabis porque ha llegado la hora de ponerse en la piel de los que mandan y satisfacer vuestros deseos, los más sublimes y los más perversos. Es la hora de...
(Chanchachaaaaaaaaaaaaaaan, música ominoooosaaaaa, música ominooooosaaaaa, cha chacháaaaaan)
Palatine es un juego de rol de ciencia ficción y política centrado en los gobernantes de un mundo superpoblado y hecho polvo. Neo-Terrax es un planeta colonizado en el pasado distante, llamado a la gloria y el esplendor, destino de peregrinos y consorcios mineros pero lastrado por interminables guerras corporativas y de religión. Eventualmente, el planeta entró en decadencia y sus gargantuescas ciudades y colosales complejos subterráneos se convirtieron en nidos de criminales y multitudes hambrientas. Lo único que ha permanecido estable en Neo-Terrax es el Gran Palacio, un edificio del tamaño de una ciudad desde el que los seres humanos más poderosos del planeta deciden el destino de billones de almas: el Alto Consejo Palatino.
Los jugadores de Palatine encarnan a los miembros de este consejo y están lejos de ser seres positivos: están corruptos, son ambiciosos, sufren los achaques de la edad y harán todo lo posible por perpetuar su legado, engañar a la muerte y eliminar a sus rivales. Y, si les queda tiempo, también pueden dedicarse a intentar arreglar las múltiples crisis que tienen el planeta al borde de la destrucción. Para crear a tu personaje, una vez has decidido el arquetipo, tiras en una tabla para determinar tu cargo, que siempre es algo rimbombante y pasado de vueltas: puedes ser el Magno Comisionado del Sector Esmeralda, el Criso-Señor de Comercio o el Cerato-Senescal del Credo del Alba entre muchas otras posibilidades. Si lo haces bien y no mueres por el camino (porque aquí transcurren años entre sesiones de juego y la edad no perdona a nadie) se irán añadiendo más honores a tu título hasta que la placa del nombre en la puerta de tu despacho sea como una paellera de grande.

Cada sesión gira en torno al Consejo y consiste en debatir el curso de acción a seguir para enfrentarse a las diversas crisis planetarias que amenazan con desmandarse: invasiones alienígenas, conspiraciones, hambrunas, cultos malignos... el manual incluye unas cuantas de ejemplo pero se anima a los jugadores a crear las suyas propias. Cada crisis tiene un nivel que aumenta si no se hace nada por solucionarla y sus efectos son cada vez más patentes hasta alcanzar el nivel 5, en el que se desata y crea un efecto permanente en la ficción de juego (como cortar todo el tráfico fuera del planeta o que un PNJ se haga con el mando del Alto Consejo y sea el que da las órdenes a partir de ahora o, si la crisis es de las virulentas, que reviente el planeta).
Por si esto fuera poco, los jugadores están enfrentados entre sí: cada personaje tiene una puntuación de Gloria que aumenta con sus méritos (reales o imaginarios, como cuando te atribuyes los logros del pobre tipo que se cayó por las escaleras el otro día y se clavó una caja de cuchillos que había abajo) y baja con sus meteduras de pata. Si alguien logra subir su gloria hasta diez, ese personaje gana la partida y pasa a la historia como el Gran Estadista, el Estupendo Pontífice o El Tipo Aquel que sacó a Neo-Terrax del arroyo y lo puso en el mapa del Dominio de la Humanidad. Del resto no quedarán ni los retratos en el Pasillo de los Fracasos. Como no es raro que un jugador se quede huérfano de personaje, hay reglas para introducir a mindundis (secretarios, asistentes, nobles menores...) en el Alto Consejo para que nadie se quede sin jugar.

Además de las crisis cataclísmicas, gobernar un planeta también requiere lidiar con un montón de materias y para esto está la Tabla de Asuntos Menores para generar pequeños problemas que interferirán de forma más o menos molesta con el orden del día: ¿os imagináis reuniros para intentar movilizar a los ejércitos planetarios pero que el presupuesto se lo coma todo la Celebración del Aniversario del Nacimiento de Santa Bufastra? Dentro de todo gran problema hay un pequeño problema luchando por abrirse camino, que decía la ley de Murphy.
Como extras, el juego incluye también un generador de planetas para cuando los jugadores quieran expandir su poder más allá de las estrellas (cuidado con llamar la atención si sus sueños megalomaníacos se salen de madre).
Palatine está ambientado en el mismo universo guarjamercuarentamilesco (por si no se nota el tufillo) que Super Space Knights, Necroworlda y Clash of the Giga-Mechas (y el de MMM también que, aunque no se diga de forma explícita, son los bichejos que infestan los páramos de Necroworlda) y Neo-Terrax forma parte del Dominio de la Humanidad, que puede mandar a sus delagados a ver qué está pasando. Los caballeros espaciales también pueden hacer cameos y no es imposible que una Orden aparezca por el planeta a exigir suministros para combatir quién sabe qué lejana amenaza.

Y eso. Además, el juego está bellamente ambientado por un servidor: el dibujo de la portada está basado en el proyecto original de la Basílica del Pilar de Zaragoza (lo que pasa es que Cesaraugusto se quedó sin sextercios a mitad de proyecto de tanto cazar dinosarios y las naves espaciales no pudo ponerlas) y los monigotes os sonarán de las figuras del tarot y la baraja española después de darles un lavado de cara para que queden aún más sucios...
Red de Rol
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Rol de los 90
February 19, 2026 at 06:14AM