miércoles, 11 de febrero de 2026

La Granja de Gandalf ayer, hoy, siempre (II de II)

La Granja de Gandalf ayer, hoy, siempre (II de II)

Los inicios fueron duros. 

 

Los carteles anunciando nuestras presentaciones eran bastante cutres (hechos con Word de cualquier manera), la gente no venía a nuestro stand de principio de curso y nuestros ciclos de cine tardaron bastante en hacerse populares. 

 

(Visto así, a posteriori, no me extraña que la gente pasara de nosotros...)

 

Estos ciclos de cine se hacían, a menudo, de forma ilegal empleando películas alquiladas del videoclub. El principio de la tirria que le tengo hoy en día a Star Wars fue cuando me presionaron para hacer un ciclo con las tres películas (pues bueno, pero mira que les dije que estaban muy vistas hasta entonces…) y luego estábamos tres en el salón de actos. Por suerte, llegó un momento en que se abrieron las puertas a nuevas generaciones y finalmente entró un chorro de sangre nueva que perpetuaría la Granja en los años venideros. Hasta donde sé, las generaciones se han ido sucediendo hasta el punto de ser tantas y tan distantes que el contacto se ha ido reduciendo (que es normal, los gustos, los juegos, la filosofía vital, el lenguaje y los canales de comunicación son distintos cuando te llevas veinte y hasta treinta años con alguien…). 


En el amanecer de Internet se creó una primitiva web para la Granja. Recuerdo que mis aportaciones fueron una serie de recetas culinarias más bien desagradables (estaba en un piso de estudiantes aprendiendo a vivir) que me dieron una reputación que todavía me dura hoy en día y una sección de frases célebres de partidas de rol: cuando soltabas alguna barbaridad en la mesa, te la apuntaban en la ficha. Posteriormente, la Granja ha tenido varios blogs y me suena que hoy en día tiene sus propias cuentas en redes sociales que yo no frecuento. Echar un Google por ahí, si eso.


El plato fuerte del club, al menos en sus inicios, era, por pura lógica, el rol.


(Y comer. Y beber. Y que te diera el sol hasta que te tuvieran que sujetar la cabeza. La contención y la vida sana están guay pero  pasarse tres pueblos de vez en cuando para que no todo sea tofu, verduritas y agua mineral forma parte del sentido común)


Se jugaba al Señor de los Anillos, al Rolemaster, al AD&D, a la Llamada de Cthulhu, al Star Wars y a lo que fuera saliendo (quien más quien menos, se crearon unos cuantos reglamentos propios). Recuerdo como un punto de inflexión la llegada de La Leyenda de los Cinco Anillos porque me resultó un juego diferente con su sistema de ventajas y desventajas y sus protocolos samurai que te obligaba, en cierta forma, a interpretar (algo que hasta entonces era poco menos que anecdótico). Además de las partidas en mesa, también se hizo una partida de Vampiro en vivo bastante espectacular en un edificio adjunto al campus con velas y barra sirviendo sangría incluida (te daban un punto de sangre por copa: si hubiéramos puesto cazalla el desenlace de la partida podría haber sido muy diferente). En primero también organicé una breve campaña de Necromunda cuya principal característica era que la jugábamos en una puerta arrancada del marco y apoyada entre dos sillas. Puede parecer una cafrada pero para el 50 aniversario de Games Workshop me he enterado de que los fundadores hacían cosas parecidas. El torneo de Cartas de Vampiro “Colmillos de Oro” también se creó al amparo de la Granja de Gandalf por uno de sus muchos aliados (que es una forma fina de decir que el tío era de matemáticas, pero que pasaba mucho tiempo con nosotros). 


(Esto es de no sé qué San Gandalf... ¿2009? Recuerdo... cosas... borrosas)


Mucha gente conoció a la Granja por las fiestas más o menos temáticas que organizaba (el Festival Celta, el Aquelarre) que eran unas excusas estupendas para pasarlo bien. En teoría, daban a conocer al club, lo que era cierto, pero también eran mucho de empinar el codo y hacer el bestia (las fiestas de la Facultad de Veterinaria eran gloriosas en su día). 

 

(Te haces unas trenzas, te echas unas ramas por la cabeza, te pones una tapicería vieja por encima y, hala, arreglado para el Festival Celta. Todo el pelo que se ve en esta foto es historia)

Recuerdo estar en un Festival Celta, borracho perdido, y tomar el control del puesto de “echar las runas” porque el que se encargaba de eso no estaba, empezar a inventar toda suerte de tonterías y que se me hiciera una cola espectacular de gente con formación científica dispuesta a que les leyera el porvenir con unas piedras pintadas. Otro de los grandes eventos era San Gandalf, que consistía en irnos un fin de semana a una casa rural a jugar y a empinar el codo como animales. 


Jornadas y fiestas aparte, el evento que marcó a la Granja como ninguno, que se repetiría a lo largo de los años y que le daría visibilidad ante el resto del alumnado (y los profesores) fueron las partidas de Killer: durante varios días muy estresantes, la facultad se convertía en un campo de batalla en el que todo valía con tal de cargarte a tus oponentes. El hecho de que se jugara en vivo lo hacía visible para todo el mundo y las barbaridades que hacíamos y decíamos en público, más aún. Mucha gente se uniría a la Granja solo por estas partidas anuales y, de hecho, dan para su propio artículo, que escribiré con el tiempo.


(Catán y bebercio. La lista de lo que puede salir mal es infinita, por ejemplo, que al cuarto copazo le acabes cambiando una piedra a según quién y te time)


Otro club de la Facultad de Veterinaria que se benefició de la Granja fue el de rugby. Veterinaria siempre había tenido un equipo de rugby competente pero, a medida que la gente se fue graduando, la cosa decayó. Varios miembros de la Granja militaban en el equipo de rugby y acabaron atrayendo al resto. Hay que decir, que la mayoría éramos unos tirillas y que nos unimos por pura lealtad para hacer número y por las risas. Para que os hagáis una idea, en esa época yo pesaba setenta kilos escasos y estaba de segunda línea con un amigo de un tamaño similar porque no había nadie más (creedme, hay que estar mazacote para jugar de segunda línea). Incluso con la Granja rellenando sus filas, el equipo de rugby de veterinaria apenas llegaba al equipo completo y durante dos años perdimos todos los partidos hasta que ganamos uno y entonces me retiré (que no se diga) en la cumbre de mi carrera deportiva. Posteriormente, las nuevas generaciones de la Granja, que venían mejor alimentadas que las previas, se unirían al equipo de rugby haciéndolo crecer hasta convertirlo en un ente independiente. Y esa es otra historia para otro momento y lugar. 


Llegué a presidente por el expeditivo método de meterme un vaso en la boca en una de las cenas de navidad que hacíamos en un restaurante chino. Es más, años mas tarde me acabaría casando con una presidenta posterior de la Granja con la que a día de hoy comparto mi vida, lo que hace a mis hijos, HIJOS DE PRESIDENTES (circunstancialmente, mi hija tiene el título de Baronesa de Sealand).


(Otra tradición de la Granja de Gandalf: carreras de comer flanes sin manos. Si te atragantas y mueres, te jodes y te aguantas)


Si solo fuera por esto, ya le debería un montón a la Granja, pero es que hice amigos para toda la vida y me formé (más o menos) como profesional y como persona. Después de terminar la carrera, seguí frecuentando el club bastantes años hasta que empecé a notar que los que yo tenía como “niñatos” (les sacaba ocho o diez años) tenían por “niñatos” a otros miembros que podían ser mis hijos. Esto, unido a la necesidad de emigrar por trabajo marcó mi separación del club aunque me llevé en el corazón a todos los amigos que hice allí, con muchos de los cuales sigo hablando a diario en el grupo de whatsapp de carcamales que gastamos.

 

La Granja de Gandalf siguió su camino y celebró su décimo, su vigésimo y su trigésimo aniversario, lo que no está nada mal para un club de frikis. 

 

Así sea. 



"Difícil de explicar, fácil de entender, como los sentimientos. No sabes por qué ocurre pero ocurre. Es como cuando entras a un dungeon y solo disfrutas al final, cuando pisáis la trampa del foso de ácido. No tiene lógica, sabemos que hay que evolucionar, que todo cambia… pero es así. Hay algo que nos aferra a las cosas que nos ocurrieron cuando más felices éramos. Hay algo que convierte los hechos en hazañas. Hay algo que convierte las palabras en poesía. Hay algo que convierte las tiradas en recuerdos imborrables. Hay algo que hace gritar ¡TIRA INICIATIVA, CABRÓN!"

(Esto es una adaptación de un panfleto de un DJ que cogí de un bar cuando estaba en tercero de carrera, hace casi treinta años. En aquel momento, pensé que sonaba demasiado nostálgico para algo que todavía no me tocaba. Bien, después de todos estos años, sigo guardando el panfleto y el momento es AHORA).


NOTA FINAL: Los edificios que se van a echar abajo de la facultad que sirvieron de sede a la Granja de Gandalf también sirvieron de escenario en el capítulo final de la serie web “A verlas venir” en la que yo participé.





Red de Rol

via Rol de los 90

February 11, 2026 at 03:41AM