miércoles, 21 de enero de 2026

Entre Luz y Sombra [Campaña Rolemaster] Temporada 5 - Capítulo 20

Entre Luz y Sombra [Campaña Rolemaster] Temporada 5 - Capítulo 20

Rheynald bajo Asedio

Una mirada rápida de Symeon le confirmó que tanto los inmaculados como los errantes que habían acampado en el exterior de los muros, habían podido ponerse a salvo antes de que el asedio hubiera tenido lugar.

—Cómo nos alegramos de veros de nuevo aquí  —dijo lady Edith.

—Y nosotros, mi señora —le contestó Symeon—. Y más aún en estas circunstancias, nos alegra ver que estáis todos bien.

—Afortunadamente no se han lanzado todavía al asalto —intervino Egwann—, porque no sé si los muros de la parte esthalia podrían contenerlos.

—Por la mañana los inspeccionaremos y haremos lo que podamos para reforzarlos —contestó Yuria, dirigiéndose hacia el interior de la fortaleza.

Allí les pusieron en antecedentes y les detallaron las fuerzas con las que contaban. Poco más de cuatrocientos soldados para defender Rheynald, el muro, y el bastión norte, más un centenar de hombres que habían aportado el pueblo y los inmaculados. No creían que el propio marqués de Arnualles estuviera entre las tropas, pues a estas alturas ya lo habrían visto; al fin y al cabo, Rheynald no era más que una fortaleza fronteriza.

—Si no fuera por esas ruinas que descubrimos hace unos meses bajo los calabozos, estaría de acuerdo con vos —dijo Symeon, consciente de la ligera comezón en su nuca—. Pero eso hace que Rheynald no sea una fortaleza común y corriente.

—¿Creéis que están aquí por eso? 

—No lo sé, pero no podemos descartar nada. Cierto es que si fuera por eso, seguramente habrían dedicado más tropas a la labor. 

—El caso es que hace unos días —continuó Egwann— se cortó el flujo de suministros desde Gweden, aunque hemos acumulado buenas reservas, y con los pozos de agua calculo que podríamos resistir un asedio durante varios meses. Y cuando llegaron las tropas enemigas, hace dos jornadas, enviaron una delegación a las puertas, exigiendo nuestra rendición y sometimiento a Robeld de Baun. De momento, hemos estado ganando tiempo, pero ya están construyendo ingenios de asedio imaginándose nuestra respuesta.

—¿Quién habla en nombre del marqués?  —inquirió Symeon.

—Los generales de las legiones, se llaman Gothald de Yrthen y Neylann Sarthos. 

—¿Y tenéis alguna idea de cuál puede ser el paradero de la reina? —intervino abruptamente Daradoth.

—Lo último que sabemos es que fue capturada por las fuerzas de Arnualles, y Nátinar Sur tomada y ocupada —contestó lady Edith. 

—También llegaron algunos rumores —añadió Siegard Brynn, aclarándose la voz—, que descartamos por demasiado fantasiosos, sobre que Arnualles cuenta en su ejército con efectivos capaces de hacer explotar bolas de fuego y de invocar relámpagos y tormentas. A la luz de todo lo que nos habéis contado últimamente, no creo que se deban ignorar a la ligera. 

Galad susurró quedamente al oído de Yuria:

—Podríamos levantar el asedio relativamente rápido trayendo el Horizonte con carga plena de paladines, de Osara preferiblemente —la ercestre asintió con un gesto, de acuerdo con el paladín.

—Al amanecer haremos una evaluación completa y decidiremos el curso de acción —anunció Yuria—. Ahora, debemos descansar; pero antes, me gustaría hacer una visita a la excavación.

—Por supuesto; confiamos plenamente en vosotros.

En el camino hacia los restos subterráneos Symeon aprovechó para entablar una rápida conversación con el padre Ryckar, que confirmó que desde hace unos meses no tenía contacto con la Iglesia ni con los clérigos amigos.

—Además, por lo que he oído —añadió el cura—, la Iglesia quiere crear un estado independiente, ha declarado apóstatas a los paladines de Emmán, e incluso ha contratado mercenarios del Káikar para luchar en su favor. Han perdido totalmente el norte.

—Nos dejáis de piedra, padre —dijo Symeon, mirando a los demás—; muy bajo hay que caer para contratar kairks por la causa emmanita. En fin, nos encargaremos de ello a su debido tiempo.

También hicieron una breve visita a Valeryan, donde comprobaron el bienestar de su amigo y Galad evaluó la situación de cara a un posible intento de curación. El anterior, en la caravana errante, había resultado casi en una catástrofe sin retorno, y no quería volver a repetir los mismos errores. «He de prepararme bien para esto», pensó, y sin más dilación se dirigieron al antiguo mausoleo soterrado.

En la entrada de los antiguos calabozos (que ahora se habían trasladado par dejar sitio a la excavación, y a su vez había sido detenida por la guerra) oyeron una voz familiar, ligeramente siseante. Era Toldric, el muchacho deforme, que abrazó con fruición a Yuria cuando esta se acercó con una sonrisa radiante.

—Soñé... soñé que volvíais esta noche —dijo el muchacho, como siempre emocionado en presencia de Yuria—, y aquí estáis.

—Así es, vamos a solucionar toda esta situación, Toldric. ¿Te siguen tratando bien? 

—Sí, mi señora, me tratan bien. Excelente. Gracias.

Bajaron al subterráneo por un pasaje mucho más amplio que el que utilizaron la primera vez, con las mismas sensaciones de calor intenso y de comezón en la nuca. En la primera ocasión solamente Daradoth había podido sentir el ligero picor, pero ahora los cuatro lo sentían. Y, lo que es más, allí bajo, Galad sentía mucho más cercano el poder de Emmán, como un faro que casi lo deslumbraba. 

Ahora, a la luz de las revelaciones del diario de Avaimas, Yuria lo veía todo con una perspectiva renovada. El aspecto general del lugar, la falta de ángulos y la presencia del sarcófago hizo que sacara una conclusión clara:

—Este lugar no debió de ser una de las pirámides. Estoy convencida de que se trata más bien de un mausoleo titánico; en el libro, Avaimas los menciona de pasada, dando a entender que fueron los precursores de las ûrzaûmnos. Seguramente —prosiguió—, dentro del sarcófago estará el cadáver de un titán perfectamente preservado, que sería parte de un ritual para "la ascensión a las esferas superiores de existencia", sea eso lo que sea.

—¿Y no da ninguna clave para abrir estos sarcófagos en el libro? —preguntó Symeon.

—No, ninguna; pero si esto es una tumba y dentro está el cuerpo de un titán preservado, algo me dice que no sería muy buena idea abrirla. 

Tras unos instantes de silencio pensativo, a Daradoth se le ocurrió algo:

—Quizá podríamos hacer uso de nuestras habilidades con la Vicisitud para "ver" qué hay más allá del derrumbe, o más bien, qué hay bajo él —sugirió. 

—Es una buena idea —coincidió Galad.

Se concentraron durante unos segundos, sintiendo el entorno e intentando ignorar el agobiante calor para abrir su mente a la realidad subyacente. Fue Galad quien consiguió expandir su percepción lo suficiente para sentir las ya familiares (aunque siempre abrumadoras) hebras de realidad.

—Lo tengo —dijo el paladín, intentando poner sus pensamientos en orden—, estoy sintiéndolo... más allá de las rocas hay un segundo sarcófago, y más allá... hay otro. Y otro. Y otro... creo que hay unos diez sarcófagos. Y más allá... unos hilos extraños, una vibración más... tensa.

Describió lo mejor que pudo lo que sentía en esos hilos extraños, que, según su mente lo racionalizaba, parecían vibrar longitudinalmente en lugar de transversalmente, y prolongarse hacia "arriba", hacia muy "arriba".

—Creo que eso que describes correspondería a un artefacto de gran poder —dijo Symeon, con la voz entrecortada, pues el esfuerzo de concentración para intentar sentir la Vicisitud lo había dejado víctima de una dolorosa migraña, igual que Yuria, que era presa de vómitos. Decidieron dejarlo ahí por el momento y retirarse a descansar; había sido un día muy largo.

 

La mañana siguiente discutieron la conveniencia de traer a los paladines desde Eskatha en el Horizonte.

—Pero antes —dijo Yuria—, creo que deberíamos evaluar la posibilidad de capturar a uno de los generales enemigos.

—¿Creéis que realmente tenemos los medios para ello? —preguntó Siegard, enarcando una ceja.

—Creo que sí —Yuria miró a Daradoth—. Daradoth tiene unos recursos muy interesantes. ¿No es así?

—Podríamos intentarlo —afirmó lacónicamente Daradoth. 

Pocas horas después sobrevolaban con el Empíreo el campamento enemigo, muy arriba a salvo de miradas indiscretas, haciéndose una idea de la cantidad de guardias y el terreno que se encontraría Daradoth en su incursión.

Y ya caída la noche, con una luna casi oculta que permitiría a Daradoth moverse en la oscuridad, el elfo descendió volando silenciosamente desde el dirigible. Encauzó un poco de Esencia hacia los dos guardias que custodiaban la tienda del general, y estos sonrieron cuando se retiró la capucha y les mostró su rostro, recordándolo como a un buen amigo. 

—Necesito entrar —dijo, intentando parecer amable.

—Por supuesto —uno de ellos se hizo a un lado.

El general dormía, con una mujer al lado. Daradoth los despertó, canalizando un poco más de su poder. Ambos se relajaron después del sobresalto inicial al ser sacados de su sueño.

—¿Qué haces aquí a estas horas?  —preguntó el general rascándose un ojo, como si lo conociera de toda la vida.

—Es que tengo mucha urgencia. Necesito encontrar a su majestad la reina Armen, ¿no tendrás alguna pista de su paradero?

—Pero maldición, ¿tan urgente es? Lo último que sé es que se encontraba en los calabozos de la ciudadela de Usturna. Lo deberías saber tan bien como yo, ¿no?

—No lo recordaba. ¿Y su hijo? ¿Sabes algo de él?

—Al parecer, desapareció sin dejar rastro cuando apresaron a la reina, hace como un mes.

Daradoth también pudo obtener otras piezas de información: Robeld de Baun había enviado siete legiones a pacificar la frontera sur, y tenía la intención de hacerse cargo de Esthalia, al ser el rey un inútil y un traidor por retirar los títulos de Grandes del Reino. 

—Y, según he oído por ahí, Arnualles cuenta con tropas... especiales. ¿Las has podido ver? 

—Ah, ya sé qué quieres decir. Sí, últimamente ha habido unos rumores sobre galeones negros que han llegado a los puertos de Usturna y Gweden, y por lo que parece han traído refuerzos que han hecho que nuestras fuerzas sean imparables. Robeld de Baun pronto gobernará Esthalia —sonrió—. En estos momentos debe de estar marchando ya sobre la capital.

—¿Y sabrías con cuántas legiones? 

—Una veintena.

—Lo que no entiendo es por qué estáis esperando tanto tiempo a asaltar esa fortaleza —movió la cabeza hacia el sur.

—Si en un par de días no se han rendido, lanzaremos el ataque.

—Más vale ser precavido, creo que será mejor que construyáis el máximo número posible de máquinas de asedio, quizá mejor esperar una semana —canalizó un poco más de Esencia, notando cómo la idea tomaba forma en la mente del general.

Se despidió educadamente, deseando que su sugerencia fuera seguida —«aunque va a ser muy difícil», pensó—, y volvió al Empíreo sin mayores problemas.

Pocas horas después, el Empíreo partía hacia Eskatha de nuevo, con Galad y Taheem a bordo, encargados de traer a tantos paladines (sobre todo de Osara) como fuera posible. 

 





Red de Rol

via Rol Ex Machina

January 21, 2026 at 12:44PM